No se trata de una alegría cualquiera, sino de compartir su misma alegría, recibida directamente del Padre, que es la fuente (Jn 15,11; Jn 17,13). Dada la importancia de la alegría en la vida humana la buscamos de muchas maneras, unas equivocadas, cuando están fundadas en el egoísmo.
Hoy la palabra de Dios nos invita a buscarla siempre y encontrarla en el servicio a Jesús en los necesitados y en el reconocimiento de los dones recibidos de Dios. En la 2ª lectura san Pablo invita a estar siempre alegres y lo motiva en la próxima venida del Señor. La 1ª recuerda la promesa de un profeta especial, evangelizador que vendrá al servicio de los pobres a los que debe dar la alegre noticia de su curación y liberación; ante este anuncio el pueblo de los pobres prorrumpe en un canto de alegría. Jesús afirmó el cumplimiento de esta profecía en su bautismo (Lc 4,16-21). Al servir a los demás nos convertimos en instrumentos de las promesas de Dios que realizan las esperanzas de los hombres y con ello encontramos la alegría. Estamos inmersos en un mundo lleno de necesidades e injusticias, son millones los hombres que claman a Dios pidiendo justicia y liberación.El Evangelio habla del anuncio de que en el futuro el mesías será ungido, capacitado y enviado para liberar y dar vida. Lo hizo Jesús históricamente y hoy lo quiere continuar por medio nuestro. Para ello en el bautismo fuimos también ungidos y capacitados para participar su tarea. Ayudar a colmar las legítimas esperanzas humanas es el camino para llegar a la plenitud de la esperanza.
Se llega a la plenitud de la alegría creando ahora alegría, haciendo justicia, poniendo paz, dando trabajo, facilitando el pan de cada día, quitando lágrimas.
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