sábado, 23 de diciembre de 2017

Cuarto domingo de Adviento

Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha “aprisa”, con decisión. Siente necesidad de compartir su alegría con su prima Isabel y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena del espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima sin ser sacerdote.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Ángel: “Alégrate, llena de gracia”.

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como “saltos de alegría”. Enseguida, bendice a María “a voz en grito”
diciendo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: “Dichosa porque has creído”.

Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”.

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos esta haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por el varón, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer.

Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

José Antonio Pagola

lunes, 18 de diciembre de 2017

Tercer domingo de adviento

Hoy es el tercer domingo de adviento. A este domingo, desde hace siglos, se le ha llamado “domingo Caudete”, por la primera palabra del canto o antífona de entrada (Gaudete in Domino Semper) “alégrense siempre en el Señor”. Esta frase está tomada de la carta del apóstol Pablo a los fieles de Filipos. Y, aunque no se cante esta antífona al inicio de la celebración de la eucaristía, las lecturas tienen el mismo sentido, así como la oración colecta, en la que suplicamos a Dios: “concédenos celebrar la Navidad con alegría desbordante”.

Hay que profundizar sobre el motivo de la alegría cristiana. La alegría a la que se nos invita por la Liturgia de este domingo nace de: Dios viene a nuestra vida a cumplir sus promesas de salvación y liberación. El gozo que proclama este tercer domingo de adviento no es la alegría superficial y mundana de una navidad ya próxima y comercializada habitualmente por la sociedad consumista, sino el hecho de saber y creer que Cristo Jesús está en medio de nosotros. ¿Sentimos presente a Dios en nosotros? ¿Lo aceptamos en el corazón?

En un mundo con grandes problemas, nos viene muy bien la invitación que el Año Santo de 1975, el papa, beato Paulo VI, hizo a la Iglesia. Nos vendrá bien leerla. Entre otras cosas decía: “La alegría espiritual consiste en que el espíritu humano halle reposo y una satisfacción íntima con la posesión de Dios trino, conocido por la fe y amado con la caridad que proviene de Él. Esta alegría caracteriza por tanto todas las virtudes cristianas. Las pequeñas alegrías humanas que constituyen en nuestra vida como la semilla de una realidad más alta, quedan transfiguradas”. Y, continúa recordando que, “esta alegría, aquí abajo, incluirá siempre, en alguna medida, la dolorosa prueba”.

Las encuestas en el mundo arrojan elevados porcentajes de desencantos y desilusiones entre los jóvenes y adultos ante la sociedad que nos toca vivir, la gestión política y administrativa, la situación económica y cívica. Esta situación crea en no pocas personas, una depresión, tristeza, malestar, pesadumbre, o sea, los polos opuestos a la alegría de vivir. La persona que ha centrado su vida en la felicidad egoísta, tener y gastar, es víctima de su propio invento. Por ello, nos vendría muy bien en esta semana, hacer una revisión de vida, a fin de que vivamos la alegría que la Navidad nos trae. ¿Sientes la alegría del nacimiento de Jesús?

La presencia amorosa del Señor que habita en nosotros es la causa de la alegría cristiana. Quizás, el desafío más grande de la Navidad sea tomar conciencia de que Cristo nació en nuestra alma el día maravilloso del bautismo. Navidad es el nacimiento de Dios para nosotros, y el bautismo es nuestro nacimiento para Dios. Desde que el Señor está en nosotros, es decir, desde que tenemos constancia de su amor, debiera haber en cada uno la alegría en la esperanza. Cristo viene en Navidad a llenarnos del don de su Espíritu y, con este don, nos da la alegría. Cristo es el motivo de la alegría, “aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2, 13). San Pablo nos dice hoy: “estén siempre alegres… y no apaguen el fuego del Espíritu”.


sábado, 9 de diciembre de 2017

Segundo Domingo de Adviento


Las lecturas de hoy narran las sucesivas venidas del Señor: la venida del Señor delante de su pueblo, retornando del destierro (primera lectura); detrás de Juan el Bautista, para bautizar con Espíritu (evangelio); al final de la historia, para recrear los cielos nuevos y la tierra nueva (segunda lectura).

La primera lectura es un precioso oráculo de consolación. En él se anuncia a Judá la vuelta del destierro y el final del castigo merecido por sus infidelidades. El Señor los precede en este nuevo éxodo. La gloria del Señor que había aparecido junto al mar Rojo (Ex 14,17) ahora se revela a todos los hombres. El profeta, ahora heraldo y evangelista, debe anunciar a las ciudades de Judá que llega la comitiva triunfal de los desterrados.

Este oráculo de salvación desborda los hechos inmediatos y apunta a una liberación mayor. Por eso Marcos inicia su evangelio con las mismas palabras de Isaías. Juan el Bautista es el mensajero anunciado que prepara los caminos del Señor, perdonando los pecados del pueblo por medio de su bautismo de conversión. Así pues, los tiempos nuevos han comenzado. Con Jesucristo, cuyo evangelio hoy se inaugura, adviene la aurora de la salvación.

Ahora bien, la primera venida de Cristo no es el final de la historia. Aún aguarda su venida en poder que glosa la Segunda de Pedro. En ella hay una enseñanza importante para aquellos que se preguntan por qué el Señor tarda en llegar: Él no se retrasa, somos nosotros los que aún no estamos preparados. La paciencia de Dios es nuestra salvación. Por eso, tanto el imperativo evangélico («¡preparad el camino!») como la advertencia petrina a ser irreprochables no solo son una urgente exhortación, también representan un anuncio esperanzado de la venida definitiva del Señor.

"Todos ante la Madre Inmaculada para rogar por la lluvia"

Ayer, Onomástica de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, tuvo lugar la Función Solemne en su honor en el Santuario de Nuestra Señora de la Villa a las 19:00 horas, con amplia participación de todas las hermandades y grupos parroquiales de nuestra localidad.

Tras la Eucaristía y Proclamación del Dogma, así como las propias preces a mayor honor y gloria de María Santísima, la Santísima Virgen de la Villa fue portada en andas hasta la reja exterior del Santuario, donde el capellán (y a su vez Párroco-Presidente de esta corporación), D. Miguel José Cano, realizó una serie de oraciones en rogativa ante la Santísima Virgen para rogar por la tan necesaria lluvia para los campos de nuestra tierra olivarera. Una poderosa cantidad de gente presenció tal acto, acompañando a la curia presente en sus oraciones. Tras ello, y previo repique de campanas, la Santísima Virgen de la Villa volvía a entrar a su templo acompañada de una ingente cantidad de fieles y devotos.

El acto fue acompañado musicalmente por el coro Amicitia, quienes elevaron sus voces para magnificar la Inmaculada Concepción de María.

"Haz llover, haz llover... Abre las puertas del cielo."

















sábado, 2 de diciembre de 2017

Primer Domingo de adviento






El itinerario que ofrecemos puede ser usado a tres niveles:

1) Para la parroquia en general; para los fieles que acuden a la parroquia, pero no tienen más vinculación con ella que la participación en la eucaristía dominical o a algunas actividades que se organizan, pero no pertenecen a ningún grupo de pastoral ni de espiritualidad.

Para este colectivo está pensado el primer grupo de materiales. Se trata 7 carteles, uno genérico para todo el tiempo de Adviento, uno por cada uno de los domingos, uno para la festividad de la Inmaculada y uno para la fiesta de Navidad.
Los carteles se pueden usar para ambientar el lugar de la celebración o de la catequesis. Comenzando por un tablero de juego en el que aparece la oración del Adviento y la primera palabra colocada “comunión”, cada semana se irán añadiendo dos palabras cruzándolas con las anteriores, sacadas de la Palabra que se proclama en la eucaristía del domingo o de la fiesta. Se trata de palabras clave que resumen el contenido de la Palabra de Dios y que pueden ser usadas como recordatorio y como hilo conductor para las homilías.

2) Para grupos de la parroquia. Para los grupos que tienen presencia y trabajo pastoral o reuniones de formación o de oración, hemos preparado un folleto en el que se explica el sentido general del itinerario y se ofrecen pistas muy sencillas para la reflexión personal o comunitaria, partiendo de la espiritualidad propia del Adviento y de la Palabra que se proclama en las eucaristías.
Este folleto se puede usar al comienzo del Adviento, si se tiene un retiro o reunión, para presentar el Adviento entero como un itinerario a seguir. O cada semana para hacer el “trabajo” que corresponde. Aunque una cosa no quita la otra.

3) En las redes sociales o medios informáticos. El material se ofrece también para que pueda ser usado en las páginas web de las parroquias, en las redes sociales y en WhatsApp.

Más información: http://evangelizacionjaen.es/tiempos-liturgicos/adviento-2017/